Lucha, sacrificio y temple: de pescador a Juez de Paz

La historia de Carlos Leon Carballo es una de esas que parecen haber sido sacadas de algún libreto de cine o de un cuento de fantasías. El hoy juez de paz de la ciudad de Cerrito tiene tras de sí un sin número de batallas ganadas a base de sacrificio, que lo llevaron a coronar con éxito la que parecía una aventura, hasta si se quiere, descabellada.

Durante toda su vida siguió el oficio de su papá, quién era pescador. Es así que desde chiquito le lineada, la plomada, el anzuelo y alguna que otra morenita formaron parte de su rutina diaria. Además, supo conjugar dentro de esa vida su lado bohemio, mediante el canto, ya que además, era músico.juez
Si bien es cierto que siempre supo capear las necesidades, la vida le dejaba en claro las necesidades que aún se reflejaban en el horizonte, por momentos, muy sombrío. Fue por eso que a la edad de 40 años, viendo que la situación estaba por demás difícil, decidió dejar de lado de actividad a la que siempre se dedicó, vendiendo todos sus equipos.
Sabía que era el momento de dar un gran paso, basado en una puerta grande que se le abrió al conseguir trabajo como actuario judicial en su comunidad, la ciudad de Cerrito, departamento de Ñe’embucu.
Con cuatro décadas marcadas por el esfuerzo, por “tutearse” con la carencia y por saber que darse por vencido no era una de sus opciones, optó con un temple de acero por ingresar a la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, con su sede en Pilar.
Es así que a diario viajaba unos 120 kilómetros, para no perder el puesto de trabajo que le daba de comer y a la vez no renunciar a ese sueño de algún día recibirse de abogado.
Largos días y noches de estudio lo llevaron al éxtasis al cumplir 47 años, cuando tras superar con éxito todas las pruebas y obstáculos que la carrera puso en su camino, logró por fin tener el título que tanto anhelaba.
Ni bien fue matriculado por la Corte Suprema de Justicia, apostó por convertirse en Juez de Paz de su ciudad. Formó una comisión con otros integrantes de su comunidad para construir un local en el que opere el juzgado, trabajo que llevó adelante de manera conjunta con la gobernación y la municipalidad.
Entre todos lograron que las obras terminen de manera exitosa y actualmente su lucha radica en que las autoridades del Poder Judicial se den cita hasta Cerrito para de esa manera poder hacer entrega oficial a modo de donación de la construcción que se hizo en el lugar para que allí trabaje el juzgado de paz del que él, después de tanto esfuerzo y sacrificio, estará a cargo.